A. F. de Losada, Artículos

Identidades en venta

Hace poco más de un año dejé de escribir en el blog. Lo hice básicamente por tener que poner todos mis sentidos en un nuevo proyecto profesional. Llevo meses pensando en reactivar La Grande Bouffe, volver a un espacio que me ha servido para reflexionar sobre los temas que más me interesan e inquietan. Pero no ha sido hasta ahora que he reunido la voluntad suficiente para volver a escribir y compartir lo que pienso y de qué manera me posiciono ante lo que acontece.

Los detonantes de este “regreso” han sido varios. Pero seguramente ha sido la indignación, esa que reivindicó el admirado Stéphanne Hessel, la que más me ha movilizado. Y en este caso concreto, indignación por algo que refleja a la perfección la profunda crisis de valores en la que estamos instalados. Me refiero a la progresiva privatización del espacio público. Un espacio por definición colectivo que no debería ser objeto de actividad comercial. De momento no se privatiza el uso, todo se andará, pero se comercia con la identidad.

No estoy, por definición, en contra de la colaboración público-privada. Todo lo contrario. Me parece muy interesante y útil que las empresas privadas participen en la prestación de determinados servicios públicos. Aportan conocimiento, know-how, tecnología, recursos. Seguramente son más eficientes y pueden mejorar, en determinados ámbitos, la calidad del servicio que se presta. Me parece obvio, sin embargo, que el sector público debe preservar la titularidad y regular la prestación del servicio.

th_c6eb754c68ed005d52d7d204e8b20ddb_vodbicbarc1Dos ejemplos cercanos e inconcebibles hace muy pocos años. El servicio Bicing de Barcelona, uno de los primeros servicios públicos de bicicletas urbanas compartidas, abanderado de la Barcelona sostenible, dinámica, cosmopolita, innovadora, ahora pasará a llamarse Vodafone Bicing. ¿Sorprendente? Seguramente no… ¿Indignante? Seguro que sí…

En Madrid ya hace algo más de un año, la misma multinacional británica le compró el nombre a la estación de metro de una de las plazas más emblemáticas de la ciudad: Sol. Vodafone Sol ocupa ahora el subsuelo de la plaza madrileña en la que durante meses se concentraron los indignados madrileños (de toda España, Europa y el mundo). Suena a ironía, ¿no?

Lo problemático no son estos dos casos concretos (hay muchos más). Es el rumbo que parecen marcar. Nos podemos imaginar en breve que las calles y las plazas de las ciudades tengan nombres comerciales. ¿Nos podemos imaginar una Plaza Emirates-Catalunya, un Paseo del Corte Inglés-Castellana o una Rambla Louis Vuitton? O peor todavía, que se comercialicen los nombres de los hospitales, las escuelas o los aeropuertos…

¿Es este el modelo de sociedad que queremos? Es obvio que existen muchos precedentes de comercialización del espacio público. En Estados Unidos se ha llegado, incluso, a promover el apadrinamiento de trozos de autopista. Los que tienen padrino están en buen estado… los que no lo tienen, no.

Pero es que los nombres de las calles y las plazas, de las paradas de metro, las estaciones de tren o los aeropuertos, de los servicios públicos emblemáticos o de los hospitales o las escuelas, forman parte de la identidad colectiva, de la esencia misma del ser de la ciudad y, por ende, del conjunto social. Y la identidad es un elemento fundamental para la cohesión social de los colectivos. Es una evidencia empírica que las sociedades provistas de una identidad cultural y social fuerte están más cohesionadas. Y las sociedades más cohesionadas, esto también es empírico, son más prósperas.

Esta nueva forma de privatización pone de manifiesto movimientos preocupantes pero no sorprendentes. Señala hacia dónde van las cosas. Nos encontramos en un momento de cambio estructural, de paradigma, de profunda fricción entre corrientes ideológicas. Lo señalaba Tony Judt, quien teorizaba sobre el auge de los think tanks liberales, o neoliberales, que desde hace décadas están construyendo e instalando un relato que apunta hacia la demolición del estado del bienestar, del modelo de base socialdemócrata (o socialcristiana) que ha imperado en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Parece evidente que el tránsito del estado del bienestar al estado neoliberal está en camino. Lamentablemente podemos poner demasiados ejemplos en nuestro entorno más cercano. No solo de privatizaciones, sino de recorte de derechos que hasta hace muy poco eran irrenunciables y que ahora vemos cuestionados no solo por la fuerza de los hechos sino, lo que es peor, por la de la ley.

Pero volviendo a los dos ejemplos referidos al desembarco de la multinacional británica en el corazón mismo de nuestra identidad colectiva, en mi opinión son el reflejo de ese cambio de modelo. Y lo paradójico es que se trata de un cambio que apunta a la construcción de un nuevo modelo basado en la ausencia del mismo.

Se trata, en definitiva, de una ausencia voluntaria de modelo que tiene un reflejo muy claro en las ciudades y en un concepto que hemos ido aceptando sin darnos cuenta, sin ser demasiado conscientes de que puede tener efectos muy perniciosos a medio plazo. Las ciudades ya no son modelo o modélicas, ya no se proyectan por sus políticas públicas innovadoras, su buena gestión o por el dinamismo o la creatividad de los individuos que las habitan. Las ciudades se han convertido en marcas.

Y con las marcas se comercia, las marcas se venden, son objeto de publicidad y de marketing… Las marcas, en definitiva, pasan de moda. Pero los ciudadanos se quedan, siguen ahí.

 

Agustí Fernández de Losada Passols

Barcelona, 28 de marzo de 2014

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Comentarios

3 comentarios en “Identidades en venta

  1. “Los que tienen padrino están en buen estado… los que no lo tienen, no.” Los ciudadanos lo que quieren es que en buen estado, se llamen como se llamen, no?

    Publicado por Marc | 30/03/2014, 14:07
  2. De acuerdo en el planteamiento y crítica de la cuestión. Solo una acotación, sobre la mayor eficacia “seguramente” de las empresas privadas: Estos días tenemos un buen ejemplo con las empresas de las autopistas radiales; ¿eficacia necesitar un rescata público del 50 % de su deuda por una mal cálculo previo de utilización e incremento del valor de las expropiaciones? Por no decir de la “buena” gestión tipo ERE de las embotelladoras de Coca-Cola. Creo que debemos empezar a cuestionar algunos principios comúnmente admitidos.

    Publicado por Josep Maria Procházka | 30/03/2014, 22:44
  3. Interesante reflexión. El citado Tony Judt en su obra “Sobre el olvidado siglo XX” explica detalladamente las profundas implicaciones que tiene esta “privatización” -que ejemplifica la deriva neoliberal- afirmando que entramos en una “época del olvido” en la que ya no sabemos, literalmente, de dónde venimos. Como dices, un modelo de ciudad no es sólo eso: es un referente, una identidad. Si no sabemos ni de dónde venimos, nos vamos a perder para encontrar la calle Mandarina Duck con la esquina Gallina Blanca. Inquietante futuro… Gracias

    Publicado por Marga Barceló | 01/04/2014, 21:46

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