A. F. de Losada, Artículos

Barcelona posa’t guapa

En los últimos años las ciudades han encontrado en la internacionalización un eje cada vez más importante de su acción política. Sea cual sea su tamaño, las ciudades compiten entre ellas, proyectan marcas, buscan captar inversiones, talento, eventos… Se trata de una realidad reconocida y legitimada, aunque llena de registros ideológicos que me gustaría comentar.

Ps GraciaAún así, ahora no pretendo abordar el tema desde una perspectiva técnica, puesto que ya he escrito anteriormente con este enfoque, tratando de conceptualizar algunas ideas que me parecen centrales. A quien pueda interesar, en el blog del grupo CLIB (www.clibbcn.wordpress.com), podrá encontrar mi artículo sobre los fundamentos de la inserción internacional de los gobiernos locales y regionales. Ahora, sin embargo, lo quiero hacer desde una perspectiva crítica.

Muchos se esfuerzan en definir la internacionalización de las ciudades como una acción neutra, como una acción que debe articularse en torno a consensos entre todos los actores de un territorio. El consenso siempre es interesante y lo debemos considerar necesario para lo que podríamos denominar “las grandes cuestiones de ciudad”. Pero en mi opinión, esta necesidad de consenso no es tan clara cuando hablamos de cómo nos queremos posicionar en el escenario internacional. ¿Qué buscamos? ¿Cuál es nuestra estrategia? ¿Con quién nos aliamos? En todo esto los matices ideológicos son importantes.

La acción de gobierno conlleva opción política; se estructura tras un mandato de la ciudadanía que no debe ni puede ser neutro. Por ello, la acción internacional de las ciudades debe responder, para ser efectiva, al modelo de ciudad por el que se apuesta. Y un modelo se define a través de prioridades políticas que se materializan en programas de trabajo, en presupuestos, que impactan en la ciudad y en sus ciudadanos. Políticas que deben ser construidas con la participación de la ciudadanía, pero que comprometen de forma clara al gobierno.

Es por ello que no me puedo quedar indiferente cuando asisto en mi ciudad, Barcelona, al nuevo relato que se construye sobre la internacionalización. Barcelona había sido una ciudad capaz de construir, en unas pocas décadas, un modelo de ciudad abierta, cohesionada, centrada en el bienestar de sus ciudadanos. Un modelo que la había posicionado en el panorama internacional como ciudad de referencia… no como marca.

Ahora Barcelona se posiciona como una marca. Lo hace como lo hacen tantas otras ciudades en el panorama internacional. Apuesta por favorecer entornos que sirvan a las empresas a exportar sus productos; apuesta por captar talento, inversiones, eventos, ferias, rutas aéreas, cruceros, turistas… apuesta por seguir creciendo, generando riqueza, incrementando el PIB. Pero este relato, un relato forjado en la última década por los últimos gobiernos municipales, descuida algo fundamental que debería estar en el corazón de toda política pública: descuida al ciudadano que habita la ciudad.

No discuto en absoluto la necesidad de generar entornos favorables al sector privado. No discuto la necesidad de captar talento, inversiones innovadoras o rutas aéreas. Aunque no es el tema que me ocupa, no puedo resistir la tentación de afirmar que sí discuto la obsesión desordenada por captar turismo.

Lo que me preocupa es lo que hay detrás de todo ello, cuál es la visión, el modelo de este nuevo relato de la internacionalización. Lo he dicho antes, la acción política no puede ni debe ser neutra. Y no lo es. Me queda claro que detrás de la marca Barcelona está la voluntad de crecer, de generar actividad económica, con el convencimiento de que detrás del crecimiento viene la redistribución, la generación de empleo y de bienestar.

Pero hace años que se ha demostrado que este paradigma del crecimiento económico no funciona. Se genera riqueza pero esta no se redistribuye. No existe necesariamente una relación de causa-efecto. El PIB aumenta en la misma medida en que lo hacen las desigualdades.

Barcelona era modelo porqué sus políticas apostaban por la cohesión social. Apostaban por un desarrollo que se orientaba hacia la convergencia entre los diferentes barrios, los más ricos y los más desfavorecidos… Apostaban por devolver la dignidad a cada rincón de ese espacio compartido que es la ciudad. Un desarrollo que se orientaba a la igualdad (con derechos y obligaciones) entre los ciudadanos. Las políticas de internacionalización habían contribuido siempre a reforzar ese modelo. A dotarlo de experiencia, de conocimiento, de talento, de creatividad, de alianzas, de oportunidades, de relato compartido…

El modelo importa, no es neutro. Es vital determinar a quién ponemos en el centro de las políticas públicas. También en su internacionalización. En Barcelona, hoy, el reto es saber si aceptamos que ese centro lo habite el crecimiento económico como mantra de un desarrollo dudoso; o si, por lo contrario, queremos que lo hagan los ciudadanos, todos, que habitan una ciudad que se quiere cohesionada.

 

Agustí Fernández de Losada

Barcelona, 8 de mayo de 2014

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Comentarios

4 comentarios en “Barcelona posa’t guapa

  1. Encertat i pertinent reflexió, amic Fernàndez de Losada! Fa poques hores sentia l’alcalde Trias a la ràdio passant la maroma sense retratar-se del tot respecte a l’aplicació de la “marca Barcelona” a l’engendre tarragoní del lleure ludopàtic BCN World, i feia feredat la poca solta amb la qual trafiquen amb les coses importants. Les “marques”, per cert, sembla que tinguin cames i es deslocalitzin fàcilment: “París-Dakar” al desert xilè d’Atacama, “Guggenheim-Bilbao”, “l’Hermitage a Barcelona”. També ho faran les “marques territorials”? Ha arribat l’hora de les “ciutats franquícia”? Seguim…

    Publicado por Eduard Miralles | 09/05/2014, 09:26
    • Gràcies pel comentari Eduard. Potent (i preocupant) la idea de les ciutats-franquicia que es deslocalitzen… D’aquí a quatre dies vindrà un Adelson qualsevol, comprarà el nom i se l’endurà a Les Vegues, com s’enduien els claustres fa unes cuantes dècades.

      Publicado por agustifdelosada | 09/05/2014, 09:44
  2. Comparto plenamente lo que dices. Y lo mismo sucede en el Sur. O peor, cuando la “marca” se construye tonta e ingenuamente para atraer supuestas inversiones, préstamos y turistas (que nunca llegan) de países (Emiratos, China, India, malasia) que, si bien son potencias emergentes, no conocemos, no sabemos cómo negociar con ellos ni si tienen o no interés en nosotros. Y con los cuales la historia reciente muestra muy pocos resultados…o poco conocimiento nuestro de cómo alcanzarlos. La cultura y el “conocimiento del otro” son factores claves en toda internacionalización….pero parece que nos olvidamos de ello (o nunca lo supimos). Y reemplazamos alianzas políticas y estratégicas con los vecinos (y no es poca cosa tener a <Brasil de vecino) por "nuevos espejitos de colores" que nunca llegan. Al menos en el siglo XV recibíamos los "espejitos"…pero ahora ni eso llega del Oriente…

    Publicado por MAY | 10/05/2014, 03:38
  3. Benvolgut,
    He llegit amb molt d’interès el teu article ja que és un tema que s’ho val. Veig en el mateix un intent de definir objectius i diferencies ideològiques.

    No obstant això, entenc que no hi ha dades en el article per sostenir el que sembla que és una premissa del mateix: “descuida al ciudadano que habita la ciudad”. Certament aquest pot ser un element diferenciador però cal explicar on estan les diferencies que articulen aquesta conclusió erigida en premissa. Dic això perquè em sembla que l’article no discrepa massa de la projecció internacional i dels seus objectius sinó que ho fa respecte del destinatari i les politiques concretes de la riquesa que aporta la projecció.

    Per mi, en aquest context de “ciutadans oblidats” crec que ens podem preguntar si al promocionar la ciutat i fixar l’objectiu de tenir 10 milions de visitants no estem oblidant els ciutadans de Barcelona. Ens podem preguntar sinó es pot acabar de morir d’èxit. Si la saturació no és una pèrdua de qualitat pel visitant i pel ciutadà. Jo penso que hem arribat al límit i que cal una reacció i debat ciutadà. En tot cas crec que els ciutadans hi han de poder dir la seva, a banda dels hotelers. Soc conscient que no és només un debat de Barcelona, difícil d’altre banda en un context de crisis.
    En la mateixa línea ja que hi guarda relació, al meu entendre, si es comparteix i fins a quin punt el model BCN World com abans el del Macro Casino al Baix Llobregat, sens dubte son clarament exemplificadors de model i d’ideologia.
    Salut.

    Publicado por Joan Hidalgo | 12/05/2014, 10:06

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